Woman holding Earth as a balloon

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Las mujeres deben participar en la conversación sobre el clima  

La ONU estima que el 67 % de los cargos responsables de la toma de decisiones sobre el clima en todo el mundo están ocupados por hombres. Esa cifra debe cambiar.  

Las mujeres deben formar parte de la toma de decisiones sobre el clima porque se ven desproporcionadamente afectadas por el cambio climático. Y, en general, nos preocupa el papel de las mujeres como líderes por una buena razón: el Foro Económico Mundial ha indicado que la pandemia ha hecho que la representación de las mujeres líderes caiga en un 68 %.

La directora de sostenibilidad de WPP, Hannah Harrison, nos explica la situación: «Especialmente en los países del hemisferio sur, existe una importante desigualdad en lo que respecta a la responsabilidad que asumen las niñas y las mujeres a la hora de procurar alimentos, buscar agua, encontrar leña y cuidar de los jóvenes y ancianos. Ya estamos viendo que, cada vez que hay una ola de calor, una sequía, una importante tormenta o una inundación, son las niñas y las mujeres las que más sufren».

Las catástrofes naturales obligan a las mujeres a desplazarse más lejos para conseguir víveres y agua potable. Además, a menudo, durante las evacuaciones que se llevan a cabo tras los desastres climáticos, se ven obligadas a permanecer en el lugar en que se ha producido la catástrofe para atender a las personas vulnerables, y es entonces cuando las mujeres reúnen valiosos conocimientos.

«El papel de cuidadoras y abastecedoras que desempeñan las mujeres les aporta un conocimiento increíblemente profundo sobre cómo el cambio climático está afectando a su comunidad», dice Harrison. «En el hemisferio sur, las mujeres también tienen un amplio conocimiento acerca del entorno natural y los recursos. Sin embargo, a pesar de tener ese conocimiento superior, no suelen ser ellas quienes toman las decisiones».

Cuando las mujeres están poco representadas en la creación de soluciones relacionadas con el clima, estamos excluyendo potencialmente a personas con los conocimientos necesarios para mitigar el cambio climático y adaptarse a él.

Así pues, deberíamos pensar tanto a nivel local como global

«Las mujeres son, en muchos casos, las que gozan de una mejor posición para identificar y aplicar soluciones que nos permitan adaptarnos y mitigar el cambio climático», afirma Harrison. Así que, ¿a qué se debe esta infrarrepresentación femenina en aquellos puestos de trabajo relacionados con la toma de decisiones? La respuesta a esta pregunta requiere una cierta comprensión de las cuestiones estructurales.

«Según la OCDE, solo el 3 % de la ayuda para hacer frente al cambio climático se destina a la igualdad de género. Es más, la coalición Acción Feminista por la Justicia Climática (convocada por ONU Mujeres) reveló que solo el 3 % de la financiación filantrópica para el medio ambiente apoya el activismo medioambiental de niñas y mujeres», afirma Harrison. «Y recordemos que la mayoría de las organizaciones lideradas por mujeres que tratan de combatir el cambio climático son bastante pequeñas, lo cual, a menudo, dificulta su acceso a los fondos que ofrecen los proveedores de financiación climática, ya que, por lo general, estos últimos suelen invertir en proyectos a gran escala capaces de ofrecer un gran impacto».

Así que, por un lado, las mujeres no reciben suficiente apoyo a través de medios filantrópicos para convertirse en activistas en este ámbito y, por tanto, carecen de medios para conseguir sus propósitos. Por otro lado, la financiación de los proyectos suele ser de alto nivel y para acceder a ella se necesita poder organizativo, estructuras empresariales y pensamiento de grupo, algo que, en la práctica, no poseen las mujeres afectadas por el cambio climático.

«Es una emergencia, ¿no?», dice Harrison, refiriéndose a los grandes fondos de financiación verde que ofrecen los inversores. «Tenemos que actuar y lograr un mayor alcance, pero también me pregunto si los que abordan la crisis climática tienen que replantearse un poco nuestra mentalidad y buscar soluciones que tengan el máximo impacto, las cuales no son siempre y necesariamente aquellas que requieren una mayor inversión económica», añade.

Entonces, ¿cómo financiamos las ideas que emanan de esas mujeres centradas en la comunidad que conocen de primera mano las intrincadas interacciones entre la biodiversidad, el clima, la comunidad y la política socioeconómica? ¿Y cómo llegamos a estos pequeños proyectos locales?

Necesitamos iniciativas que reconozcan que las soluciones pueden ser, al mismo tiempo, locales y globales, y que las soluciones locales, en particular, deben incluir todas las voces, independientemente del género o la etnia. La organización Project Drawdown, dice Harrison, es un ejemplo de ello. Se trata de una organización sin ánimo de lucro que pretende ayudar al mundo a alcanzar una reducción en la que los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera dejen de aumentar y empiecen a disminuir. Reconoce que las soluciones climáticas son tanto locales como globales y que la transición a la energía limpia presenta oportunidades de educación y empleo para las comunidades de todo el mundo.

«Uno de los primeros grandes proyectos que Project Drawdown identificó como de mayor impacto es la salud y la educación, especialmente de las niñas», señala Harrison. «Calcula que, al educar a las mujeres, se podrían reducir o capturar 85,42 gigatoneladas de CO2 equivalente entre 2020 y 2050».

¿Por qué? Porque las mujeres están en primera línea. Esta acción puede ser menos obvia para los responsables políticos y los financiadores que para los propios activistas y miembros de la comunidad, por lo que tenemos que pensar tanto en ambos extremos, como en todo lo que está en medio.

La industria creativa desempeña un papel fundamental

«Como creativos, comunicadores y comerciantes, tenemos un papel fundamental en la promoción de una agenda climática equilibrada desde el punto de vista del género», afirma Harrison. «Dadas nuestra creatividad, nuestra capacidad para unir a la gente y nuestra posición en el centro de tantos problemas que afectan a la sociedad, estamos en una posición increíblemente privilegiada como industria. El marketing consiste en cambiar la opinión y el comportamiento. Y podemos hacerlo a gran escala».

Eso es lo que se necesita aquí. «Podemos ayudar a cerrar la brecha valor-acción. Podemos hacer que los estilos de vida sostenibles y más equitativos sean deseables y, con suerte, más comunes», afirma.

Harrison señala que podemos aprender de las lecciones de la pandemia. La pandemia nos enseñó el impacto de la focalización de mensajes coherentes para impulsar una acción coherente: lavarse las manos, mantener el distanciamiento social, etc. Sin embargo, según ONU Mujeres, la pandemia también ha llevado a 47 millones más de mujeres a la pobreza extrema.

La falta de vacunas y de financiación para los países del hemisferio sur impidió a muchos delegados y activistas participar en las negociaciones de la COP26. «Una vez más, la voz de aquellas personas que estuvieron en primera línea, que han sido las más afectadas por esto, no fue representada», dice Harrison.

«Estas personas son las que ya se están adaptando al cambio climático, a menudo con recursos limitados. O cuyas antiguas y arraigadas tradiciones y sus inestimables conocimientos sobre el funcionamiento de sus ecosistemas se ven amenazados por la migración del campo a la ciudad y la persecución o la discriminación. No debemos despreciar este conocimiento; debemos protegerlo y, a su vez, salvaguardar los lugares ricos en biodiversidad. Lugares que mucha gente llama hogar».

published on

01 November 2022

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